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Carta abierta a los consejeros constitucionales del Partido Republicano

Vencer no es convencer

Señoras y señores republicanos: Me dirijo a ustedes luego de estudiar, con honestidad y sin caricaturas, lo que proponen de cara a la redacción de una nueva constitución. Reconozco su contundente éxito electoral, pero asumo con sinceridad que no es posible permanecer pasivamente ante sus propuestas, porque son catastróficas para el país.

Me gustaría recordarles una escena ocurrida en la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Ese día se produjo la famosa disputa entre el rector de esa universidad, Miguel de Unamuno y el general franquista José Millán Astray. Ante una audiencia repleta de civiles y militares partidarios del alzamiento golpista, el rector Unamuno levantó su voz y les dijo: “Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición”. Se dice que la respuesta inmediata de Millán Astray fue el grito de “muera la inteligencia, viva la muerte”. Han pasado casi 90 años y las palabras de Unamuno todavía resuenan. Vencer electoralmente es posible, si se crean las condiciones propicias que construyan una mayoría a como dé lugar. Lo difícil es convencer para construir una mayoría basada en argumentos y razones. Como observó John Dewey, “la regla de la mayoría es tan absurda como sus detractores le acusan de serlo… Lo que importa es cómo una mayoría llega a serlo”. Cuando las mayorías que se construyen sobre la base del miedo y el engaño constituyen un suicidio de la inteligencia.

¿Cómo se forma una mayoría?

La forma de constituir una mayoría electoral puede tomar tres posibles caminos: 1. La vía del debate y la deliberación de argumentos, 2. La agregación o suma de intereses individuales y grupales o, 3. La manipulación de las emociones y sentimientos. Estas tres rutas no son excluyentes y en la práctica política se suelen mezclar y superponer inevitablemente. Lo importante es intentar que la discusión pública, bien argumentada, no sea anulada por la fuerza de los polarizadores profesionales que van incitando a la gente en base a el temor y la incertidumbre. Si no se ve claro el futuro, lo que domina es el miedo y el odio llama a la puerta de forma inmediata.

Es evidente que es mucho más fácil construir sobre una “estrategia de la tensión” que manipule y controle la opinión pública usando tácticas premeditadas, que infundan miedo, diseminen desinformación y desemboquen en formas de guerra psicológica para alcanzar objetivos tácticos y estratégicos. Ustedes prefieren la provocación constante porque para usar la razón hacen falta buenos argumentos. El temor y la aversión a la incertidumbre son impulsos irreprimibles, un motor innato de la subjetividad humana. Pero si estas emociones nos gobiernan, nos desbocan. Una Constitución no puede nacer de esas emociones ni de la mera agregación de los intereses particulares de los votantes a los que se ha sumado sobre la base de una “estrategia de la tensión”. Hace falta construir una razón compartida, por encima del tribalismo y el tacticismo.

Lo que no convence

Las propuestas constitucionales del Partido Republicano nos abocan inevitablemente a agravar la disfuncionalidad política en las instituciones y en las calles. Ustedes saben que crecen sobre la manipulación del descontento. Cuanto peor vayan las cosas, mejor irán para ustedes, ha reconocido José Antonio Kast. Por eso les detallo (…)

Artículo completo: 1 812 palabras.

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Álvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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