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“Si Putin quiere venir, vendrá”

Estonia en pie de guerra

Miembro de la OTAN, el país báltico anticipa una invasión de su territorio por parte del ejército ruso y realiza un importante esfuerzo de armamento, con el riesgo de agravar las dificultades sociales y económicas. Mientras las relaciones entre Tallin y Moscú se tensionan, particularmente a causa de las restricciones comerciales decididas por el muy atlantista gobierno de Kaja Kallas, la minoría rusoparlante del país mantiene un bajo perfil.

El video casero se viralizó por las redes sociales y los medios de comunicación estonios. El 9 de mayo pasado, el municipio ruso de Ivangorod, contiguo a Estonia, conmemoró, como el resto de Rusia, el aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi, con una pantalla gigante y conciertos. La secuencia, captada del lado estonio desde los muros de la ciudad de Narva, del otro ladodel río que separa a los dos países, muestra a un hombre de unos cincuenta años agrediendo a un manifestante, mientras este último alza una bandera ucraniana contra las festividades, visibles desde la otra orilla del curso de agua. “Sácala, sácala”, grita el individuo en ruso, antes de empujar violentamente al joven, quien cae sobre los peldaños de una escalera.

“La mayor parte de las personas alrededor mío apoyaban a mi agresor”, cuenta posteriormente la víctima, que milita en el seno de la organización no gubernamental estonia Avatud Vabariik (“Una República Abierta”) que lucha por la integración de los jóvenes provenientes de la minoría rusa, a los medios de comunicación que vinieron a entrevistarlo. Vabariik, él también rusoparlante, no sufrió más que unos hematomas, y su asaltante fue condenado a prisión en suspenso. En Narva, el 90% de los habitantes pertenecen a la minoría rusa, que representa un cuarto de la población del Estado báltico. En 2022, según la Agencia Oficial de Estadísticas de Estonia, el 31,5% de los residentes estonios hablaba ruso en sus casas.

Este incidente estuvo acompañado por una iniciativa con consecuencias más preocupantes. El mismo día de la fiesta nacional rusa, el museo de la ciudad, alojado en una fortaleza medieval frente a la frontera, colgó en su pared un cartel con la imagen de Vladimir Putin, con la siguiente inscripción: “criminal de guerra”. El acto llevó a un choque entre los guardias fronterizos de los dos países, exigiendo los rusos ante la policía estonia, en vano, que retiraran el cartel.

Los dos acontecimientos dan cuenta de la tensa atmósfera que reina en Estonia desde la invasión de Ucrania. En primer lugar, en lo más alto del Estado. Su primera ministra Kaja Kallas tiene la costumbre de definir el desenlace del conflicto en suelo ucraniano como “existencial” para su país. Tallin destina un poco más del 1% de su Producto Interno Bruto (PIB) a la ayuda militar para Kiev, cerca de 400 millones de euros desde el comienzo de la guerra. Es una de las contribuciones más elevadas del mundo en relación con la riqueza nacional, justo detrás de la de Letonia y delante de la de Lituania (1). Temiendo ser agredido a su vez, la defensa de este pequeño territorio poblado de 1,3 millones de habitantes hoy por hoy descansa en gran parte en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Desde febrero de 2022, esta última busca comunicar el refuerzo de su flanco este. Como el 16 de marzo pasado, en Tapa, una ex base soviética ubicada a 70 km al sudeste de Tallin. Frente a las cámaras, un soldado de primera clase de la legión extranjera francesa demuestra la agilidad del tanque de reconocimiento AMX-10 RC, desplegado por primera vez en suelo estonio, así como otros dieciocho vehículos de transporte de tropas de tipo Griffon. Una línea recta a plena velocidad, un giro rápido, un cuarto de vuelta a la izquierda, antes de detenerse al lado de los otros vehículos blindados presentados a la prensa. “Estoy acá para practicar con el material, verificar si aguanta bien el frío”, explica el joven piloto de 21 años, cuyo torso sobresale del habitáculo del vehículo. Objetivo: demostrar la capacidad de la Alianza Atlántica para desplegarse muy rápidamente en caso de ataque ruso.

Presupuesto militar

Desde el año 2008, tras una ola de ciberataques contra instituciones públicas y privadas del país, los miembros de la Alianza crearon en Estonia, que se unió a la organización cuatro años antes, un centro llamado “de excelencia” en ciberdefensa. Tras la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014, la OTAN refuerza su “presencia (...)

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Damien Lefauconnier

Periodista.

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