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La política indígena del gobierno

Los extremos que dificultarán el Acuerdo de Paz y Entendimiento

La imagen de la dispersión de los partidos políticos chilenos presentes en el Acuerdo de Paz y Entendimiento, que deberá llegar con un acuerdo para conmemorar los doscientos años del Parlamento de Tapihue 2025, es relevante.

El Acuerdo de Paz y Entendimiento, planteado por el Gobierno como un “inédito compromiso” para resolver los temas pendientes respecto del pueblo mapuche, dio muestra el 21 de junio de 2023, una vez más las capacidades de las elites políticas de La Araucanía para poner su agenda al centralismo santiaguino: emprendimiento y seguridad. A través de ello, sobre todo la primera, han logrado transformar las convicciones iniciales del Frente Amplio en el gobierno, el que gradualmente ha tomado distancia de la retórica más cercana al movimiento autonomista mapuche (se hablaba de Wallmapu), a pesar de la bufanda con símbolos étnicos que portaba el Presidente de Revolución Democrática, Juan Ignacio Latorre al interior de La Moneda. El representante de uno de los partidos de izquierda que se ha mostrado en disposición o una apertura intercultural para incorporar en su partido a miembros del movimiento mapuche o abrir cupos para que estos puedan participar en las distintas elecciones. Una de ellas fue la diputada Erica Ñanco, que estuvo en la presentación de este acuerdo e hizo sentir su voz con un grito afafan, el sonido de combate del pueblo mapuche, que no tuvo mayores acompañantes de una izquierda en que el tema mapuche, le ha sido a lo menos, poco gratificante por los hechos de violencia política que la vía rupturista a la Autonomía ha venido desarrollando en distintas localidades de las regiones del Bío-Bío, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos y la derrota electoral del proceso constituyente en que uno de los principales temas fueron los planteados por la vía gradualista: la Plurinacionalidad.

La atomización de los partidos políticos chilenos es la imagen que debería poner en alerta a la clase política y, donde el centro político, se encuentra erosionado, por la derrota del proceso constituyente y el ascenso meteórico de republicanos presentes en este nuevo acuerdo que irrumpen para poner límites y evitar la devolución de tierras. Los partidos políticos y del mismo modo que el movimiento mapuche, se encuentran tensionados por distintos polos que solo grafican la que sea tal vez una de las crisis del sistema político chileno de posdictadura más importante a cincuenta años de conmemorarse el Golpe de Estado.

Puesta las confianzas en dos caudillos de la clase política para el entendimiento: Francisco Huenchumilla y Alfredo Moreno, parecen ser hoy el equilibrio de una comisión que depende más de las redes políticas y empresariales que de una estructura política que permita un desarrollo óptimo. Según Huenchumilla, el apoyo de todos los partidos demuestra el amplio respaldo político que reconoce que compatibilizar los distintos intereses y objetivos sobre la mesa en un conflicto que se arrastra por 140 años. Mientras que para Alfredo Moreno, es uno de los problemas más serios de Chile, un discurso que ha sostenido desde hace varios años, cuando fue miembro del gobierno de Sebastián Piñera y que anunció con mayor claridad a principio de años, en el encuentro de Melipeuco, ocasión en la que levantando una botella de vino tinto argentino de nombre el “Gran Enemigo” dijo: “al final del camino solo recuerdas una batalla ¿Cuál (…)

Artículo completo: 1 776 palabras.

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Fernando Pairican

Historiador, Académico USACh, Posdoctorante CIIR

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