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Segundo aniversario del gobierno

Boric: un balance inconformista

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José Venturelli, Las ramas y las espinas (Acrílico), 1983
(Gentileza Fundación José Venturelli)

Cada vez que la izquierda asume el poder se plantea la tensión entre la responsabilidad gubernamental y la necesidad de empujar procesos de cambio más ambiciosos, que requieren la fuerza de la movilización social. Tras este problema subyace un complejo proceso de elaboración de una estrategia política capaz de combinar ambas dimensiones. Este parece ser el principal escollo que ha atravesado el gobierno del presidente Gabriel Boric y de la forma como lo resuelva dependerá su proyección futura.

Esta tensión no es nueva. A fines de 1939, al finalizar el primer año del gobierno del Frente Popular, una facción del Partido Socialista se escindió declarándose “inconformista” respecto a la línea oficial que participaba del gobierno junto al Partido Radical, argumentando la “esterilidad de las funciones gubernativas”. A ese grupo le contestó Salvador Allende, en ese momento ministro de Salud, diciendo: “Ante todo hay que esclarecer el concepto inconformista que el grupo divisionista reclama para sí. Inconformistas somos, seguramente, todos los socialistas. Yo me declaro un inconformista, pero mi inconformismo no se resuelve en gritos demagógicos ni en actitudes personalistas que han llevado al divisionismo. No. Mi inconformismo se ha traducido en hacer conocer al pueblo de Chile su realidad sanitaria, sus miserias, planteando medidas para su solución” (1).

Hoy se requiere el mismo inconformismo de Allende. Prima un sabor amargo en este segundo aniversario, ya que el enorme esfuerzo desplegado en la gestión de gobierno no se ve correspondido con logros legislativos a la altura de los objetivos planteados en el programa. Pero esa insatisfacción no se resuelve pateando el tablero o abandonando el empeño, sino explicando directamente a la ciudadanía la raíz de los bloqueos de la oposición, reconociendo sinceramente las propias deficiencias, y haciendo proposiciones concretas para superarlas.

Chile en marzo de 2022

Un balance inconformista debe partir por recordar la situación que el gobierno recibió al iniciar su mandato. En marzo de 2022 Chile vivía los efectos de la enorme polarización política del estallido social de 2019 y de las elecciones presidenciales más reñidas desde 1970. Simultáneamente se desarrollaban las deliberaciones de la Convención Constitucional, marcadas por expectativas muy altas, producto de la contundente mayoría de izquierda que hegemonizó ese espacio. A la vez la composición del nuevo Congreso reflejó una fuerte fragmentación de sus grupos parlamentarios, con un oficialismo débil, que sumando a los partidos de Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático, no logra sumar mayoría simple. Este escenario auguró el obstruccionismo opositor que se ha desplegado sistemáticamente durante estos dos años.

En lo económico la inflación se disparaba y marcaba el mayor incremento mensual en casi 30 años: el IPC de marzo de 2022 alcanzó al 1,9%. Al cierre de ese año se llegó a la mayor inflación desde 1991, computando un 12,8%. Esta cifra reflejó los efectos de la pandemia, y de las medidas que durante ese proceso asumió el gobierno de Piñera, incluyendo los (...)

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Álvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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