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Una tragedia en el corazón del exterminio nazi

Cuando Israel sacrificó a un hombre justo

Hace 80 años, el 19 de marzo de 1944, la Wehrmacht entró en Hungría, país aliado de la Alemania nazi. En menos de dos meses, 440.000 judíos serían deportados y 330.000 exterminados a su llegada a Auschwitz. En Budapest, el abogado Rezsö Kasztner consiguió salvar a 1.684 de ellos gracias a su extraordinaria compostura. Diez años después, su destino dio un vuelco y se vio arrastrado por el interés nacional de Israel.

Entre 1920 y la derrota que infligió al efímero régimen comunista de Béla Kun, el almirante contrarrevolucionario Miklós Horthy gobernó Hungría. A cambio de su apoyo al Tercer Reich, el país recuperó los territorios perdidos al final de la Primera Guerra Mundial. Aliado de la Alemania nazi, el régimen de Horthy aprobó leyes antisemitas (en 1938, 1939 y 1941) y envió a 100.000 judíos de entre 21 y 60 años a batallones de trabajos forzados, a los que casi la mitad no sobrevivió. En cambio, Hungría se resistió a las exhortaciones de Adolf Hitler para que entregara a los judíos a los nazis.

Las cosas podrían haber seguido como estaban si Hungría no hubiera sentido que la marea cambiaba después de 1943 e intentado negociar una paz separada con los Aliados. “Horthy –escribió el germanista Ladislaus Löb– no era un antisemita fanático, sino un oportunista que caminaba por la cuerda floja intentando conciliar las exigencias alemanas y húngaras de medidas antijudías más radicales con su temor al ostracismo internacional y a las represalias de los aliados”. Al tanto, Hitler envió sus tropas en marzo de 1944. El proceso que se había ensayado en otros países se puso en marcha en Budapest en tiempo récord: creación de un consejo central de judíos para establecer su localización, guetización, expropiación, reagrupamiento y, finalmente, deportación. Entre mayo y principios de julio, 250 trenes partieron de las provincias húngaras con destino a Auschwitz. El cerebro de la Shoá, el Obersturmbannführer Adolf Eichmann, dirigió las operaciones in situ con la ayuda de la policía, la gendarmería y los funcionaros públicos húngaros. De los 440.000 judíos deportados durante este período, 330.000 fueron exterminados a su llegada al campo de concentración.

El tren de Kasztner

El comité Vadaa (Va’adat Ezrah Vehatzalah) intervino entonces. Esta red de rescate ya había conseguido sacar a judíos de Rumania y Eslovaquia refugiándolos temporalmente en Hungría. Rezsö Kasztner, cuenta Löb, era “el mascarón de proa de este pequeño grupo sionista que se embarcó en una improbable empresa para detener el exterminio de los judíos sobornando y embaucando a las SS”. Consciente de las necesidades materiales de la Alemania nazi, el comité hizo creer a Eichmann que era posible negociar con la Agencia Judía 10.000 camiones militares (así como té, jabón, tungsteno, etc.) a cambio de vidas judías. Con este fin, y con esta promesa, uno de sus líderes, Joël Brand, fue enviado en mayo de 1944 para ponerse en contacto con la Agencia en Estambul, un país neutro. Interceptado por los ingleses, Brand fue encarcelado. ¿Lo habían confundido con un espía nazi, como aseguraban, o no tenían intención de dejar que rescataran a los judíos para que pudieran ir a Palestina, entonces bajo su mandato?

Kasztner se encontró solo en la partida de póker con Eichmann. Sin noticias de Brand, siguió haciéndole creer que las negociaciones continuaban. Para ello utilizó la desfachatez que le confirieron su formación de abogado y su fuerte personalidad. Al igual que el escritor, médico y abogado Tivadar Soros, Kasztner miraba al enemigo directamente a los ojos. Soros, abogado como Kasztner y también jugador de póker, consiguió salvar a su familia con un temple similar –la famosa chutzpah–, que más tarde amplió para incluir a los amigos de sus hijos e incluso a sus familiares –a menudo con la ayuda de sus amigos no judíos, esperantistas como é–. Kasztner consiguió salvar más personas embaucando a Eichmann durante el tiempo que fuera necesario. Según algunos, fue un toque de megalomanía lo que explicaría su éxito, pero sobre todo una valentía tal que cuando Eichmann le sopló el humo de su cigarrillo en la cara, se dice que él hizo lo mismo. Y cuando Eichmann se impacientó porque el material prometido no llegaba, Kasztner habló de interrumpir las negociaciones. Frente a las amenazas atacó, sin (...)

Artículo completo: 2 293 palabras.

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Sonia Combe

Historiadora, autora de La Loyauté à tout prix. Les floués du “socialisme réel”, Lormont, Le Bord de l’eau, 2019.

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