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En Medio Oriente, pero también en África, en el Sahel y en Afganistán

El Estado Islámico despliega su red

Desde atentados esporádicos hasta ataques sangrientos, la organización del Estado Islámico (EI) demuestra que aún existe, pese a su derrota en el 2019 ante una coalición internacional. Sacando ventaja de situaciones económicas catastróficas, de crisis políticas o de conflictos locales ya existentes, esta hidra multiforme demuestra que el yihadismo sigue siendo un actor principal en varios puntos de globo.

El 3 de enero, la organizaicón del Estado Islámico (EI) –a menudo denominada por el acrónimo “Daesh”– reivindicó el atentado perpetrado en Kerman, al sudeste de Irán (103 muertos), durante una ceremonia en homenaje a Qassem Soleimani. Este general iraní, comandante de la fuerza Quds del cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, fue asesinado en enero de 2020 por un dron estadounidense. A cargo de las operaciones exteriores de la República Islámica en Siria y en Irak, combatió a los grupos armados suníes junto a las tropas del presidente Bashar Al-Assad y las milicias chiitas iraquíes. En sus canales de Telegram, el EI precisó que esta acción –la cuarta en Irán desde el 2017– fue llevada a cabo en medio “de una gran reunión de apóstatas” –entiéndase los chiitas– y “en apoyo de los musulmanes, particularmente en Palestina”.

Por medio de esta declaración, el EI pretendía posicionarse en el contexto de las masacres de la población palestina en la Franja de Gaza, aunque considera que esta situación no tiene nada de particular y forma parte de las múltiples “heridas” –según sus términos– del mundo musulmán. Pero el eslogan de esta campaña de violencia contra los chiitas –“Y mátenlos dondequiera que los encuentren”– nos recuerda que, desde sus comienzos, el EI privilegió la lucha contra los “apóstatas” y no contra “la entidad sionista”, expresión utilizada habitualmente para evitar nombrar, o reconocer, a Israel.

En el 2019, tras la caída del “califato” proclamado durante el verano de 2014, el EI se transformó en una nebulosa, cuyos focos de insurrección gozan de una amplia autonomía. La inestabilidad geopolítica, particularmente en Medio Oriente, el cambio climático, la precariedad alimentaria, las pandemias, las crisis locales, a las cuales se agrega la incompetencia de algunos Estados, así como, en muchos casos, los abusos de sus fuerzas de seguridad, son también auxiliares para su proliferación. Tras cinco años de guerra, el Estado Islámico fue derrotado por una coalición militar de catorce países, entre las que se encontraban las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) –alianza defensiva contra los yihadistas en Siria, compuesta por árabes, kurdos y sirios–, sin olvidar la intervención discreta pero eficaz de Irán. Pero este fracaso no menoscabó su capacidad de resiliencia o de daño.

Así, cuando Abu al-Hussein al-Husseini al-Qurashi fue asesinado el 3 de agosto de 2023, durante una refriega contra los rebeldes sirios de Hayat Tahrir al-Sham en la región de Idlib, el EI inmediatamente nombró como sexto jefe y quinto “califa” a Abu Hafs Al-Hashimi Al-Qurashi. Este patronímico hace referencia a Quraish, la tribu de La Meca a la cual pertenecía el profeta Mahoma. Menos publicitada, la amenaza representada por el EI no desapareció. En diciembre, en nueve ciudades, entre ellas Estambul y Ankara, las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia turcos arrestaron a treinta y dos personas sospechadas de pertenecer al EI y de preparar atentados contra sinagogas, iglesias y contra la Embajada de Irak. En Siria, algunos grupos de yihadistas se refugiaron en Badia, un amplio desierto en el centro del país. Desde ese santuario, en moto o en camionetas equipadas con ametralladoras pesadas, llevan regularmente a cabo raides relámpago contra las tribus beduinas. En la primavera de 2023, con el fin de apoderarse de su cosecha, mataron a más de 150 recolectores de trufas del desierto, un hongo muy buscado por su sabor y su valor comercial. Calificados a menudo como “takfiri” (“ex comulgadores”) por muchos musulmanes que los combaten, esos yihadistas asignaron el mismo destino a los pastores, robando sus rebaños.

La expansión del EI

El ejército del régimen de Al-Assad no se libró de los ataques regulares; en efecto, el EI llevó a cabo 24 ofensivas contra las FDS en las provincias de Deir Ez-Zor, Hasaka, Raqqa y Alepo. Los yihadistas también son responsables de múltiples intentos de fuga de los detenidos que se unieron a sus filas durante la década pasada. Muchos de ellos son ciudadanos extranjeros cuyos Estados rechazan repatriarlos.

Irak también fue testigo del regreso del Estado Islámico. Destrozado por la invasión estadounidense de 2003, el país se encuentra asolado por la inestabilidad institucional y las permanentes tensiones comunitarias y confesionales. Las milicias chiitas (1), algunas apoyadas (...)

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Jean-Michel Morel

Escritor.

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