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Cómo la extrema derecha avanza en la agricultura francesa

Reactivación conservadora de los valores rurales

Exaltando la tierra y el campesinado, explotando el sentimiento de abandono que siente el sector agropecuario, la extrema derecha y batalla cultural conservadora que llevan adelante han conseguido instalarse en las zonas rurales francesas. Pero esta retórica no resuelve las causas profundas de la ira de los agricultores y la devastación del campo.

Montjoi, pequeño pueblo de Tarnet- Garonne, cobró notoriedad nacional tras la difusión en You-Tube, en junio de 2023, de un video del influencer Papacito. Allí, el militante de extrema derecha radical defendía a un criador de cerdos en disputa con la alcaldía de su pueblo acerca de un camino rural, propiedad de la municipalidad, que llevaba a su campo. Papacito, cuyo verdadero nombre es Ugo Jil Jimenez, ya había causado un escándalo dos años antes, al escenificar la ejecución de una maniquí disfrazado de militante anti fascista. En la filmación de Montjoi, hombres encapuchados y fuertemente armados, protectores de un campesino “víctima de la francmasonería”, persiguen a un personaje disfrazado de comadreja que supuestamente encarna al alcalde. Una vez capturada, la comadreja es simbólicamente violada y luego ejecutada (el video tuvo 500.000 visualizaciones en pocos días). Poco después, Christian Eurgal, el concejal independiente, tuvo que ser puesto bajo protección policial tras haber recibido amenazas de muerte. No obstante, el criador no era conocido como un militante de extrema derecha: incluso era delegado departamental de la Confederación Campesina, sindicato agrícola considerado de izquierda.

“No pido sino ejercer mi profesión y, para ello, reivindico un acceso digno a mi campo”, dice Pierre-Guillaume Mercadal delante de bloques de piedra que le impiden entrar al camino que lleva a su granja, situada más abajo. Ex agente de seguridad, en 2017 comenzó a dedicarse a la cría ecológica de cerdos lanudos. Compró una treintena de hectáreas de bosque ubicado en Montjoi y obtuvo todas las autorizaciones necesarias para el ejercicio de su actividad. Todo habría marchado bien si el camino que lleva a su campo no hubiese atravesado la propiedad de un rico inglés. Cuando el propietario, apoyado por el alcalde del pueblo, decidió prohibirle el paso al criador, la municipalidad le propuso otro camino de acceso a Mercadal. Pero “ese camino es peligroso debido a los camiones y a la maquinaria agrícola”, se lamenta con voz fatigada. Comienza entonces una guerra de desgaste con amenazas, denuncias y juicios. El criador obtuvo el apoyo de la Confederación Campesina y de France Nature Environnement. A pesar de los procedimientos de conciliación, la alcaldía eligió finalmente privatizar el camino en favor del propietario británico. Mercadal afirma haber explorado en vano todos los caminos legales y se dice víctima de un sistema feudal instaurado por un amigo del alcalde, poderoso dirigente político local. “Acudir a Papacito a quien conocí a través de redes cristianas era mi última esperanza”, admite hoy.

“Pierre-Guillaume Mercadal ya no es el delegado de la Confederación Campesina, pero sigue siendo miembro de ella”, nos recuerda Nils Passedat, agricultor, militante del sindicato y alcalde del pueblo de Lavaurette, antes de continuar: “Condeno el video abyecto de Papacito, pero apoyo a Mercadal en tanto campesino. Tiene una autorización de explotación otorgada por la administración. El alcalde de Montjoi le tendría que haber garantizado un camino de acceso seguro”. Hélène Massip, nueva delegada del sindicato, se lamenta: “Un hombre desesperado que ya no tiene nada que perder puede hacer algo así. Se habla del ascenso de la extrema derecha en las zonas rurales, pero es la consecuencia del poder de una burocracia abrumadora y deshumanizada, una creación colectiva total”.

Exaltación de la ruralidad

Con los mismos métodos provocadores de Papacito, los influencers de la “viriloesfera” enfrentan en sus canales de YouTube a la Francia de los pueblos y la ruralidad, que sería portadora de tradiciones sanas, valores patrióticos y de arraigo, con la de las ciudades contaminadas por el feminismo, el anti-racismo y el multiculturalismo. Machista y partidario de Éric Zemmour, Baptiste Marchais, ex campeón de Francia de press de banca, invitaba en 2021 a su canal al ex diputado de Pyrénées-Atlantiques Jean Lassalle para devorar junto a él unas enormes costillas de carne sangrantes y alabar al país auténtico. Un video que tuvo 1,4 millones de visualizaciones. “Desde los años 1980, bajo la influencia de Alain de Benoist, teórico de la nueva derecha, la ruralidad es muy importante en el seno del movimiento identitario, para quien representa la Francia eterna nos recuerda Stéphane François, investigador en ciencias políticas de la Universidad de Mons (Bélgica)–. El campesino arraigado se opone a la globalización. Una parte de la extrema derecha, aún más radical que la Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés), sueña con conquistar el campo para desarrollar allí “zonas identitarias a defender”, según la terminología del movimiento Génération Identitaire (disuelto en 2021). A inicios de los años 2010, la comunidad La Désouchière –en referencia a los franceses de ascendencia ilustre (1) – se instala en la comuna de Mouron-sur-Yonne en el Morvan, y algunos años después el grupo de cantantes anti-feministas e identitarias Les Brigandes crea una comunidad en La-Salvetat-sur-Agout en Hérault. “Las experiencias de comunidades identitarias en Francia intentan copiar el modelo estadounidense de los supremacistas blancos o el del movimiento völkisch de la Alemania del siglo XIX que rechazaba la modernidad y defendía una agricultura tradicional –explica Stéphane François–. Estos militantes defienden los productos ecológicos y locales, pero no saben nada del campo. No están en sintonía con la Agrupación Nacional, asentada en zonas rurales, partidaria de la agricultura intensiva, favorable a los pesticidas o fertilizantes químicos y reacia a la ecología”.

Durante décadas, la mayoría de los agricultores había apoyado a la derecha parlamentaria. Al Frente Nacional (antecesor de RN) le costaba arraigarse en las ciudades. Sin embargo, en la primera vuelta de la elección presidencial de 2022, cerca de un tercio de ellos habría votado por Le Pen o Éric Zemmour (2). En las legislativas de junio, el RN se erigió en defensor de la “ruralidad olvidada”, llegando en primer lugar a la segunda vuelta en 9.633 comunas (la mayoría de ella en zonas rurales), sobre cerca de 34.000, obteniendo así 89 diputados. Miedo a la inmigración, sentimiento de abandono, defensa de las clases medias de las zonas suburbanas, estigmatización del asistencialismo... “El discurso conflictivo de la extrema derecha hace eco en las disputas locales que dividen a las clases populares rurales, en particular sobre el acceso al empleo en un campo en declive, masivamente desindustrializado”, observa el sociólogo Benoît Coquard. El partido obviamente no dejó pasar la oportunidad y se mantuvo al lado de los agricultores en lucha, en enero pasado, transmitiendo algunas de sus reivindicaciones, particularmente contra la “ecología punitiva”, la multiplicación de las restricciones administrativas, la competencia externa desleal... A través de los agricultores, es a los habitantes de los campos a los que apunta más ampliamente el RN, jugando sobre el clivaje entre la población rural y la urbana, omnipresente en los debates políticos.

A inicios de febrero de 2023, Fabien Le Coïdic, criador en la comuna de Adainville en Yvelines, recibió una carta de sus vecinos, entre los cuales estaba la editora Odile Jacob. Éstos se oponían a que instale sus vacas en terrenos que acaba de comprar. Le recordaban que eligieron vivir en esa área debido a la calidad de sus alrededores, y luego precisaban que “un regreso de las vacas representaría un regreso a la ruralidad pesada y desagradable que ya no tiene su lugar aquí. Es una forma de ganadería retrógrada y cruel”. Rechazados por el tribunal administrativo de Versalles, los vecinos amenazaron con recurrir a otros caminos jurídicos. Para Timothée Dufour, el abogado de Le Coïdic, “asistimos a una urbanización forzada de nuestros campos. Los neorrurales buscan un marco de vida autóctono, pero no aceptan la cohabitación con los agricultores y multiplican los conflictos”. A modo de ilustración, el abogado, especializado en la defensa de los agricultores y cercano a la Federación Nacional de los Sindicatos de Explotadores Agrícolas (FNSEA, el sindicato dominante considerado de derecha), afirma que se llevarían a cabo entre 600 y 800 actuaciones anuales en Francia por disturbios vecinales en las zonas rurales, antes de admitir que no sabe cuántas implican a agricultores. En el sitio The Conversation (3), André Torre, director de investigación del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente (INRAE, por sus siglas en francés), sostiene que los conflictos vecinales en el campo serían sobre todo resultado de trabajos de infraestructura, de proyectos vinculados a la energía o de discrepancias respecto de la ocupación de las tierras. Respecto de la agricultura, se relacionarían más con el esparcimiento (...)

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Philippe Baqué

Periodista, coordinador del proyecto de libro De la bio alternative aux dérives du “bio”-business, quel sens donner à la bio?, a publicarse a fines de 2011 (www.alterravia.com).

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