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‘Lobbies’ ideológicos, envites económicos y ausencia de debate democrático

Bioética, ¿dónde te has metido?

La biología molecular ha abierto perspectivas vertiginosas en las últimas décadas: ahora es posible modificar la herencia genética de un embrión. Corrigiéndola para su propio bien, explican algunos investigadores; a costa de alimentar un mercado del humano a la carta, replican otros. ¿Cómo informar a la población y fijar límites a esas prácticas?

Existe desde hace algunos años la vertiginosa perspectiva de seleccionar desde el cigoto a los futuros niños. En 2016, en Japón, se transformaron células de piel de ratón “reprogramadas” en gametos capaces de generar embriones viables, los cuales se desarrollaron hasta convertirse en ratones fértiles (1). De ser aplicada a nuestra especie, esta tecnología podría revolucionar el diagnóstico genético preimplantacional (DGP) generando embriones en abundancia, ya que las células de la piel constituyen un recurso inagotable. Si se dispone de una importante cantidad de embriones, aumenta considerablemente la posibilidad de seleccionar a los que poseen ciertas características. Una evolución semejante abriría el camino al remodelado genético de la especie en el plazo de unas cuantas generaciones.

Ante semejante riesgo antropológico, era de esperar que las autoridades políticas y éticas mundiales reaccionaran como lo hicieron en 1996, con la irrupción en los medios de comunicación del primer mamífero clonado, la oveja Dolly, justificando la prohibición de cualquier investigación sobre clonación en la especie humana. Muy al contrario, en Francia, la Ley 2021-1017, del 2 de agosto de 2021, sobre Bioética, autoriza en lo sucesivo la creación de embriones transgénicos y respalda la fabricación de gametos humanos in vitro (artículos 20 y 21) a la vez que la creación de quimeras mezcla de humano y animal.

Embriones pacientes

Esta puerta abierta legislativa al ser humano modificado genéticamente revela el temor a quedarse rezagado en un sector en el que varios países ya han dado el paso: una consideración económica que poco tiene que ver con la ética. Como se tuvo ocasión de constatar durante el proceso “democrático” de revisión de la ley, desde los “estados generales” de bioética en 2018 hasta los debates parlamentarios, los expertos elegidos para informar a la población o a los diputados rara vez se ven expuestos a una contraargumentación y asientan su verdad como indiscutible en tanto dictada por la ciencia. Algunos de ellos se muestran considerablemente activos. El Grupo Europeo de Ética de la Ciencia y las Nuevas Tecnologías, que se ocupa de asesorar a la Comisión Europea sobre cuestiones de índole moral, organizó en Bruselas, el 16 de octubre de 2019, una mesa redonda sobre la edición génica en plantas, animales… y seres humanos: un programa que, básicamente, reducía las cuestiones éticas a las técnicas. Entre los participantes se encontraba el neurobiólogo francés Hervé Chneiweiss, que acumula en su persona un buen número de cargos: miembro del Comité Consultivo Nacional de Ética, presidente del Comité de Ética del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (INSERM), presidente del Comité de Ética de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), miembro del Comité de Expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, por último, fundador de ARRIGE (Asociación para la Investigación e Innovación Responsables en la Edición del Genoma), una organización internacional que aboga por la legalización de las modificaciones del genoma humano y que cuenta entre sus miembros a la Asociación Francófona Transhumanista. “Es indispensable intervenir en el genoma de los embriones”, afirmaba en 2019 (2). Chneiweiss comparte con Pierre Jouannet –antiguo presidente de la Federación Francesa de los Centros de Estudio y de Conservación de Óvulos y de Esperma (CECOS, por sus siglas en francés) y miembro de la Academia de Medicina– una visión de la humanidad que deja poco espacio para la sensiblería humanista en el Comité de Ética del INSERM, al que también pertenece: las modificaciones que se prevé introducir en el embrión constituyen “cuidados”, de modo que ese embrión es considerado como un paciente que debería poder “beneficiarse” de su transformación en niño.

Técnica puesta a punto

Nada más cerrarse los debates sobre la ley de 2021, estas eminencias, que ya habían logrado casi todo lo que pretendían, volvieron a la carga para extender el diagnóstico genético preimplantacional más allá de la detección de mutaciones hereditarias –las transmitidas por los progenitores– con el fin de investigar las anomalías cromosómicas aleatorias o aneuploidías (3), lo que equivaldría a someter a un filtro genético a todos los embriones procedentes de fecundación in vitro. En cuanto al Comité Consultivo Nacional de Ética (CCNE), en su dictamen n.º 129 de 2018 formuló propuestas audaces para mejorar la calidad de la humanidad. De entrada –se cuestionaba–, ¿por qué no crear embriones humanos (...)

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Jacques Testart

Biólogo, director honorario de investigación en el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica (INSERM).

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