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En las puertas de Europa Occidental

Trieste, la conciencia de una frontera

Austríaca, italiana y luego yugoslava, finalmente dividida entre Eslovenia y Croacia, Istria es una maraña de fronteras, fácilmente franqueables por los migrantes. Para justificar su expulsión, el gobierno italiano recurre a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, olvidando que la minoría eslovena fue tenazmente perseguida.

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Desde su balcón, Paolo Rumiz contempla las mesetas que enmarcan las zonas industriales del Golfo de Trieste. “No fue el mar lo que despertó mi deseo de descubrir otros lugares, sino la frontera, tan cercana. En la época de Yugoslavia, se abría a un mundo extraño y desconocido –recuerda este escritor viajero (1)–. Trieste es un callejón sin salida al fondo del Adriático, pero también es una puerta de entrada, y la ciudad por la que pasan los exiliados en su camino hacia Occidente”. En los años 90, este gran puerto italiano vio pasar a los refugiados que huían de las guerras que desgarraban Yugoslavia. Hoy es una de las principales salidas de la “ruta de los Balcanes”, que siguen los migrantes que intentan llegar a la Unión Europea.

Gianfranco Schiavone, presidente del Consorcio Italiano de Solidaridad (CIS), organización creada en 1993 para ayudar a los exiliados, confirma que “tenemos experiencia de acogida”. “Las llegadas se han duplicado en los últimos meses. Se registraron 15.000 personas en 2022, principalmente afganos. Ya hemos tenido que lidiar con este tipo de situaciones. El gobierno de Giorgia Meloni declaró un ‘estado de emergencia migratoria’, pero redujo el número de lugares en los centros de recepción. Es un estado de emergencia creado sin fundamentos”, afirma. Todas las tardes, los voluntarios se turnan en los jardines de Piazza Libertà, frente a la estación, para recibir a los recién llegados. “El cruce desde los Balcanes puede hacerse rápidamente en este momento, siempre que se paguen los 10.000 dólares que exigen los contrabandistas por el trayecto entre Turquía e Italia”, señala Davide Pittioni, que dirige un centro de recepción del CIS.

En Trieste, la frontera está en todas partes: las calles que ascienden por la meseta kárstica que domina la ciudad conducen a los puestos fronterizos de Pesek o de Fernetti/Fernetiči, que permiten cruzar a Eslovenia. Desde que Eslovenia ingresó a la Unión Europea (2004) y luego al Espacio Schengen (2007), las rutas están abiertas, pero no para todos. Fue en Pesek donde la policía italiana expulsó a los exiliados durante mucho tiempo, en virtud de un acuerdo bilateral de readmisión firmado con Liubliana en 1996, pero que contradecía las normas europeas sobre asilo. Como consecuencia, el Estado italiano fue condenado por sus propios tribunales en 2021: estas expulsiones dieron lugar a una cadena de expulsiones, hasta Bosnia Herzegovina. “A pesar de los alardes de nuestro gobierno, no se han reanudado, porque Eslovenia ya no está a favor”, dice Schiavone.

Memoria en disputa

Con sus estacionamientos desiertos y sus edificios abandonados, el puesto de Pesek está cerca de un importante sitio de memoria muy controvertido: la foiba (fosa) de Basovizza. Frente a esta fosa, Antonio Tajani gritó “¡Viva la Istria italiana, viva la Dalmacia italiana!” el 10 de febrero de 2019, durante las ceremonias oficiales del “Día del Recuerdo”, lo que desató una ola de indignación en Eslovenia y Croacia (2). Tajani, en ese entonces presidente del Parlamento Europeo (Forza Italia – Partido Popular Europeo), se convertiría en ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno formado por Meloni (Fratelli d’Italia, extrema derecha), en octubre de 2022, y ahora aboga por una cooperación con Liubliana y Zagreb para garantizar la protección de las fronteras de la Unión Europea…

Este “Día del Recuerdo” se instituyó en 2004 en memoria de las víctimas de las masacres cometidas por partisanos yugoslavos a fines de la Segunda Guerra Mundial –que arrojaron a los fascistas o supuestos fascistas en estas foibe–, así como del éxodo de los italianos perseguidos en Yugoslavia en los años siguientes. La ley, propuesta por los Demócratas de izquierda –avatar del antiguo Partido Comunista Italiano (PCI), rebautizado desde entonces como Partido Demócrata (PD)–, fue aprobada por unanimidad en el Parlamento. “La idea era no permitir que la derecha se apropiara de esta memoria. Es por esa razón que la ley menciona todas las víctimas de la violencia en la zona de la frontera oriental. Pero solamente se han recordado las violencias cometidas contra los italianos”, lamenta Dusan Kalc, vicepresidente de la Asociación Nacional de Partisanos Italianos (ANPI) en la Provincia de Trieste.

La cuestión de las foibe se ha convertido en un asunto de preocupación nacional en Italia. En los últimos años, más de cien ciudades de todo el país han nombrado calles y plazas con el nombre de Norma Cossetto., Esta joven del pueblo de Visinada/Vižinada fue violada y arrojada a una foiba en el otoño de 1943, durante el levantamiento de Istria, que siguió a la capitulación italiana, y se convirtió en la heroína de una película de la RAI y de un cómic que se distribuyó en las escuelas del Piemonte (3). Las comunidades eslavas se sublevaron contra los italianos, en particular contra los que habían apoyado al régimen fascista, como respuesta a las vejaciones e intimidaciones que habían soportado durante décadas.

Eslovenos “blancos” o “rojos”

La “frontera oriental” representa desde mucho tiempo un tótem para la derecha italiana. En 1915, la entrada en guerra de Roma tenía como objetivo completar la unidad nacional, con la esperanza de obtener las regiones de Trento, Gorizia y Trieste, así como Istria, las islas y la costa dálmata –todas estas regiones, anteriormente vénetas, eran entonces posesiones austrohúngaras–. Entre junio de 1915 y septiembre de 1917, el profundo valle del río Isonzo/Soča fue escenario de doce batallas consecutivas de la “guerra de las montañas”, el Verdún italiano. Las esperanzas transalpinas solo se cumplieron parcialmente. Los italianos recuperaron la ciudad de Trieste, pero los Aliados dejaron la mayor parte de Dalmacia al nuevo Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, creado en 1918. Las frustraciones de los ex combatientes y el tema de la “victoria robada” serían luego explotados por un ex socialista que se había unido al campo intervencionista durante la guerra: Benito Mussolini…

“Somos una Krajina, una de las fronteras de sangre de Europa”, admite el historiador Raoul Pupo. Ex dirigente provincial de la Democracia Cristiana, Pupo es especialista en la historia de la frontera. “La cuestión de las foibe ha dado lugar a muchas manipulaciones. El balance exacto de las víctimas sigue siendo imposible de establecer. Varios miles de personas fueron ejecutadas al final de la Segunda Guerra Mundial, funcionarios fascistas, policías, miembros del aparato judicial. Algunos fueron fusilados o murieron en los campos de prisioneros, pero eso sigue estando muy lejos del ‘genocidio’ que a veces se menciona respecto de las foibe”. Nadie sabe cuántos cuerpos contiene la foiba de Basovizza: el yacimiento se ha cubierto de hormigón y nunca se ha excavado.

Codiciada por Yugoslavia al final del segundo conflicto mundial, Trieste recibe por fin un trato especial. En 1947 se crea el “Territorio Libre de Trieste”. Inicialmente bajo administración aliada, en 1954 se divide entre Italia (Zona A) y la República Federal Socialista de Yugoslavia (Zona B), (…)

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Jean-Arnault Dérens

Periodista. Jefe de redacción del sitio Le Courrier des Balkans.

Laurent Geslin

Periodista.

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